"EMFA vs desinformación", por Javier Marzal
Vigesimooctavo artículo de La Libreta de adComunica, espacio quincenal de colaboración de las socias y los socios de la asociación en El Periódico Mediterráneo, publicado el 5 de marzo de 2026.

En los últimos tiempos la desinformación se ha convertido en un tema presente en cualquier conversación cotidiana. Sin duda, el protagonismo de las redes sociales en el ecosistema mediático ha provocado una profunda transformación de la comunicación, donde lo verosímil llega antes que lo verificable, lo emocional antes que lo relevante y donde domina el ruido. No en vano, la Universidad de Oxford ha señalado que la palabra de moda de 2025 ha sido Rage Bait, expresión traducible como “cebo de ira” que describe cómo muchos contenidos de las redes sociales están diseñados para provocar ira y generar tráfico.
Este fenómeno no es nuevo: la Comisión y el Parlamento Europeos lleva décadas estudiando el fenómeno, así como aprobando recomendaciones y directrices para luchar
contra la desinformación y promover la alfabetización mediática.
Una de las herramientas más importantes que la Unión Europea ha creado para enfrentarse a este problema es el Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación, conocido asimismo como EMFA (por sus siglas en inglés, European Media Freedom Act), una ley aprobada en 2024 por una mayoría cualificada del Parlamento Europeo, con los votos del Partido Popular Europeo y de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, entre otras formaciones.
El Reglamento Europeo establece medidas para salvaguardar la independencia editorial y la protección del trabajo de los periodistas; exige una mayor transparencia en la propiedad de los medios de comunicación, en la asignación de la publicidad institucional y en la gobernanza de los medios públicos y privados; incorpora algunas disposiciones específicas sobre la divulgación de contenidos generados por Inteligencia Artificial; y promueve el derecho de los usuarios para tener un mayor control de los contenidos que consume.
Así pues, la EMFA debe servir para evitar que la desconfianza se transforme en incredulidad, y que esta desemboque en peligroso nihilismo: en juego está nuestra democracia.
* Catedrático de Comunicación de la Universitat Jaume I



















